Laura permaneció en silencio durante algunos segundos después de que Olívia e Ísis se acomodaron en la habitación.
Su mirada vagaba por el techo, como si sacara recuerdos de un lugar demasiado antiguo para ser tocado sin cuidado.
—El padre de Edgar empezó a trabajar en la mansión cuando éramos niños… —dijo por fin, en voz baja—. El señor Joaquim.
Olívia e Ísis se miraron, atentas.
—Era el jardinero —continuó Laura—. Un hombre sencillo, educado, sabio. Siempre hablaba con orgullo de su trabajo.