La sonrisa del médico desapareció. El tono cambió.
—Antes que nada, necesito entender mejor la situación —dijo con seriedad clínica—. ¿Qué es usted para ella? ¿Y qué fue exactamente lo que le ocurrió a la paciente?
—Soy su novio —respondió Edgar, directo.
Ísis, a su lado, desvió la mirada por un segundo y respiró hondo. No dijo nada, pero la tensión en su rostro dejaba claro que aquella palabra, novio, no era del todo cierta.
Entonces dio un paso al frente.
—Estábamos comprando dulces para ir a