Por instinto, Edgar reaccionó sujetando el brazo de Laura con firmeza. No de forma agresiva, sino urgente. Desesperada.
—Laura… —empezó, con la voz baja, casi suplicante—. No es lo que estás pensando.
Ella giró el rostro de inmediato hacia Marcela y luego volvió a mirarlo a él, los ojos llenos de lágrimas, la mandíbula tensa.
—Suelta mi brazo ahora —dijo entre dientes—. No estoy pensando. Estoy viendo.
El movimiento brusco hizo que Luna diera un paso atrás, confundida. La niña miraba de uno a o