Laura soltó una risa corta, sin humor.
—Colgué y lo bloqueé —levantó el mentón, como si repitiera una decisión necesaria—. Él tiene otra mujer, Ísis. Estoy segura. Y yo no voy a ser amante como mi madre.
La frase salió con una fuerza que no era solo rabia; era un miedo antiguo. Un miedo que Laura cargaba como quien hereda algo que nunca pidió.
Ísis le tomó la mano.
—Yo solo creo que ustedes necesitan hablar —dijo con cuidado—. No sé qué pasó realmente para que se separaran… el motivo de verdad.