El camino hasta el restaurante discurría bajo la sombra suave de altísimas palmeras, que se mecían como si saludaran su llegada. El aire era cálido, vibrante, pero la brisa que venía del mar acariciaba la piel y hacía que todo resultara más ligero, como si Seychelles, en su generosidad natural, hubiera decidido recibirlos con ternura.
Liam caminaba al lado de Olívia tomándola de la mano; su pulgar se deslizaba despacio sobre la piel de ella en un gesto automático, posesivo y cómplice. El sonido