La puerta del coche apenas se había cerrado cuando Liam aceleró con violencia contenida, los ojos fijos en la carretera frente a ellos, como si cualquier desvío fuera demasiado peligroso. Su respiración seguía rápida y pesada, consecuencia directa de la pelea.
Olívia permaneció unos segundos en silencio, intentando comprender lo que acababa de suceder. Pero fue Liam quien rompió el aire.
Vio un movimiento de reojo y explotó.
—¿Satisfecha? —su voz estalló seca, rasgando el silencio—. ¿Era eso lo