En una de las fotos, Liam aún adolescente abrazaba a Laura frente a un muelle. Ambos sonreían de forma abierta, ligera.
En otra, Liam aparecía junto a su abuelo, sosteniendo un trofeo náutico. Había orgullo en sus rostros, pero también complicidad, esa que Liam nunca mostraba a nadie.
Ella tocó el vidrio de una tercera foto sin darse cuenta: Liam surfeando una ola descomunal, el cuerpo recortado por la luz del atardecer. Parecía libre. Salvaje. Verdadero.
Pero fueron las dos últimas imágenes la