Nathan la tenía debajo de él, justo como tantas veces había fantaseado. Dispuesta, abierta, entregada… lista para que la poseyera. Pero su conciencia gritaba: "Es una niña." Una advertencia que eligió ignorar mientras devoraba su cuello con ansias contenidas durante días.
Cuando tuvo suficiente, bajó hacia sus pechos, subiéndole el top para dejarlos expuestos a su deseo. Chupó uno con avidez mientras masajeaba el otro con la mano izquierda. Los gemidos de América llenaron la habitación, una sin