El estudio estaba lleno de humo. Había tanto humo que costaba respirar.
Camila abrió una ventana y se volvió hacia Rafael.
—¿Todavía no te vas a dormir? Ya es tarde.
Solo al escucharla, él se dio cuenta de quién había entrado.
—Ya casi. Termino lo que me falta y me acuesto.
Camila miró la pantalla apagada de la computadora.
Sabía que no estaba trabajando, pero no lo contradijo.
Dejó una tarjeta bancaria sobre el escritorio.
—Aquí están mis ahorros de estos años. De algo pueden servir.
Rafael fru