—Siento que mi mamá ya no me quiere —dijo Isabella, triste.
Aquella noche se había portado muy mal en casa de los Rodríguez.
Sin embargo, Camila no se había enojado tanto con ella. Incluso la había llevado de regreso a Residencia Vértice.
Su tranquilidad la asustaba.
Recordó lo que un compañero del kínder había dicho ese día:
“Cuando ya no quieres a alguien, dejas de preocuparte por esa persona.”
Al ver que Isabella estaba a punto de llorar, Mateo se enterneció. Le acarició la mejilla.
—¿Por qu