La firmeza de Camila dejó a Mateo lleno de rabia.
No le había bastado con negarse a participar en la actividad del kínder. Ahora también quería dejarle a él toda la responsabilidad de educar a Isabella.
Cada vez estaba más descontento con ella.
Antes se ocupaba de todo y cuidaba de Isabella con esmero.
Ahora parecía que ni siquiera quería hacerse cargo de ella.
—Mateo.
La voz de Valentina sonó a sus espaldas mientras él seguía enfurecido.
Su tono suave apaciguó un poco su enojo.
—¿Ya terminaste?