Camila ya había pensado en eso mientras estaba detenida. Sí le preocupaba.
Mateo tenía motivos para estar molesto.
Por suerte, la policía no había llevado el asunto más lejos.
Aun así, al recordar lo ocurrido, sentía un escalofrío.
—No volverá a pasar —prometió.
Volvieron a quedarse en silencio.
Después de un largo rato, Mateo dijo:
—La verdad, no mereces ser la mamá de Isabella.
Lo dijo con tanta naturalidad como si estuviera hablando de lo que había cenado.
Una sola frase bastó para borrar añ