Tras rendir su declaración, Camila permaneció detenida ocho horas.
A las nueve de la noche, un policía abrió la puerta.
—Vinieron a pagar su fianza. Ya puede irse.
¿Alguien había ido por ella?
¿Sofía?
¿Los Rodríguez?
No hizo preguntas. Se levantó.
—Gracias.
Salió y, al llegar al vestíbulo, vio una figura que parecía completamente fuera de lugar.
Mateo.
Estaba junto a la entrada, de espaldas, con un traje impecable.
Era alto, bien proporcionado, y los pantalones de corte perfecto resaltaban sus p