Al caer la noche, Ana terminó de arreglarse y salió del baño, aprovechando para revisar las publicaciones que su asistente había organizado.
En internet, lo más importante era captar la atención. El contenido debía ser impactante para generar tráfico. Y la realidad solía ser más extraña e increíble que la ficción.
Ana lo leyó todo de principio a fin, convencida de que cualquiera de esas historias podría convertirse en un video exitoso.
En ese momento, su teléfono vibró y la pantalla se iluminó.