Entonces, según lo que sabía de su hermano, seguramente iría a buscar a ese tercero para enfrentarlo. ¡Pero ese tercero era su tío!
Un sobrino golpeando a su tío mayor... ¡sería el hazmerreír de todos!
Paula, con los ojos enrojecidos, tenía la mente hecha un lío, sin poder ordenar sus pensamientos.
Gabriel, tomando a Ana del brazo, pasó junto a ella.
Fríamente, le dejó una instrucción:
—Espera aquí, enviaré a alguien a recogerte.
Si Paula no fuera la hija de Fabiola, Gabriel no se habría molesta