Capítulo 319
En el momento en que esas palabras cayeron, la alta figura de Mateo se tambaleó.

Al mismo tiempo, su pálido y atractivo rostro se llenó de incredulidad.

Al segundo siguiente, el hombre agarró desesperadamente los hombros de Fabiola, buscando frenéticamente una confirmación:

—Me estás mintiendo, ¿verdad? ¿Cómo podría haber sido infiel? ¡Amo tanto a Ana, es imposible que la engañara!

Viendo el estado de su hijo, Fabiola se mantuvo serena.

Repitió lo que acababa de decir:

—Mateo, realmente fuiste i
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