El tormento de no poder escapar era insoportable.
Después de un momento, Luciana reunió valor y, con voz temblorosa, dijo:
—Estamos en un e-estado de derecho, cuidado con denunciarte. Además, mi esposo es un Herrera, no puedes meterte con...
—¿Tu esposo?
Al escuchar estas palabras, Fabiola la interrumpió con una sonrisa irónica.
Sus ojos penetrantes emanaban un frío tan intenso como el de Gabriel.
Sin duda eran hermanos.
—Luciana, mi certificado de divorcio con Camilo aún no ha llegado, todavía