Luciana, Mariana e Isabella se sentían impotentes.
Había motivos por los que Ana se ganaba tantos enemigos.
Con solo unas palabras, podía hacer que la gente rechinara los dientes de rabia.
¿Y ahora qué hacer?
Si Ana no iba, ¡el plan no podría ejecutarse!
Las tres estaban desesperadas, como hormigas sobre una sartén caliente.
Afortunadamente, Ana percibió su ansiedad y habló con aire condescendiente:
—Podría ir contigo, pero con una condición...
Las dejó en suspenso.
Luciana, apretando los diente