La habitación estaba en penumbra. El aire estaba impregnado de un fuerte aroma a incienso; con solo respirar un poco, Ana comenzó a sentir un calor interior.
Rápidamente se cubrió la boca y la nariz.
Guiada por la escasa luz, entrecerró los ojos y avanzó.
De pronto, la respiración agitada de un hombre resonó cerca de su oído.
En la pared, una sombra se acercaba a ella. Cuando la mano estaba a punto de tocarla, Ana se apartó bruscamente hacia la izquierda, haciendo que Mateo fallara en su intento