La multitud chocaba entre sí. Los ruidos confusos envolvían el ambiente, y la voz de Gabriel se perdió entre tantos sonidos.
Ana se movía con el flujo de personas.
En su campo visual solo había oscuridad. Caminaba pegada a la pared, y adelante se distinguía una débil fuente de luz.
Antes de que pudiera controlar su frustración, una mano sujetó repentinamente su muñeca.
Esta mano tenía callosidades que rozaban su piel causándole un leve dolor.
Era la mano de una mujer.
Ana no forcejeó, permitiend