—Dices que te gustaba, y realmente me gustó en su momento, pero al reencontrarnos, parece que ya no siento ese latido acelerado como antes.
María parecía haber encontrado paz interior.
Sonrió nuevamente.
—Quizás solo fue la obstinación de mi juventud.
Ana asintió.
—Tu conclusión es muy acertada.
Lo inalcanzable siempre nos inquieta. Pero cuando esa persona finalmente está frente a nosotros, nuestra perspectiva probablemente ya ha cambiado.
Ana no dijo más, mostrando respeto por la decisión de Ma