Entre la nieve que caía, un hombre con abrigo negro bajó del asiento trasero.
De figura alta y esbelta, su mera presencia imponía una inexplicable presión.
Tadeo corrió hacia él inmediatamente.
Gritó con entusiasmo:
—¡Rafa!
El joven era casi de la misma altura que él, con rasgos faciales similares en un setenta u ochenta por ciento, pero sus temperamentos eran completamente diferentes.
La inmadurez aún se notaba en su rostro; frente a Rafael parecía un niño.
Rafael respondió con un simple "mm" m