Una expresión inocente apareció en el rostro de Andrés. Extendió las manos en señal de negación y articuló sin voz: No fui yo.
Ni siquiera se había movido.
— ¿Quién, quién está ahí?
— Mocoso, ¡quiero ver cuánto más puedes esconderte! ¡Aquí puedes gritar hasta quedarte sin voz y nadie vendrá a salvarte!
Ana apartó silenciosamente la mirada y apretó instintivamente el tubo de acero en su mano.
Andrés imitó su gesto, conteniendo la respiración mientras las linternas de los hombres apuntaban en su d