—¡Ana se vistió tan bonita para salir, algo raro está pasando!
Al oír esto, Gabriel le dirigió una mirada de reojo.
Un leve destello de inquietud cruzó por sus ojos fríos, pero rápidamente volvió a la calma.
—No seas tan suspicaz —respondió.
Ana tenía rasgos excepcionales; incluso sin una gota de maquillaje seguía captando todas las miradas.
Gabriel salió del ascensor y Tadeo corrió para alcanzarlo.
—¡Vamos, Gabriel, debes confiar en mi intuición! Esa belleza junto a Ana debe ser su mejor amiga,