—Pues a mí me parece bien vivir aquí. Para ser sincero, a mí también me gusta Ana.
Gabriel se volvió, posando su mirada en Tadeo con su pijama.
Sus ojos tras las gafas se entrecerraron peligrosamente.
—¿Ah, sí?
Tadeo, acostumbrado a ser despreocupado, no notó el repentino cambio en el ambiente.
Fue a la nevera y sacó dos botellas de agua mineral.
—Desde la primera vez que vi a Ana me gustó. Sentí como si la conociera de antes.
El "gustar" de Tadeo era diferente al de Gabriel.
Él simplemente quer