Nora
Finalmente, estaba ocurriendo, iba a casarme con Ares. Llevaba una hora repitiéndomelo y aún no podía creérmelo.
Gemí al sentir sus dedos largos y fríos, entrelazando los míos. Quería creer que se trataba de una reacción normal. Cualquiera se sentiría de ese modo, al sentir el tacto de un hombre tan guapo. No obstante, no podía ser lo suficientemente sínica como para engañarme.
Lo que sentía, era tensión y atracción.
—Ven —. Me dijo, llevándome al interior de la habitación.
De alguna