Nora
Ares se dio la vuelta cuando salí del tocador del registro civil, se cruzó de brazos y me dio una de esas miradas intensas que solían hacerme sentir despojada.
—Está impresionante—. Se acercó para observar el vestido de color marfil que había escogido para la boda y mi corazón comenzó a latir ridículamente fuerte, cuando la palma de su mano, recorrió la seda de la falda pegada a mis muslos —. Ahora pareces una novia de verdad —. Me humedecí los labios al sentir como me comía con los ojo