—¿Qué? ¡No! Cyrus, de verdad no…
—¿Por qué no?
—Porque no quiero que gastes tu dinero en mí.
—¿Y en quién más lo voy a gastar? Vamos, quiero darte algo bonito, que haga que me recuerdes cada vez que lo veas o lo sientas tocando tu piel.
—Pero...
Quiso rebatir, pero él no la dejó terminar. Sí, la perdió de la mano un segundo, pero solo para abrirle la puerta con una pequeña reverencia juguetona.
—Pasa —dijo.
—Cyrus… —ella quiso retroceder, pero él la miró con una mezcla de ternura y de