Stella se sentó entre Cyrus y Louis, respirando hondo antes de abrir la carta. Aún tenía el estómago tenso desde aquella tarde, y aunque se repetía que todo estaba bien, la sensación de inquietud seguía instalada en su pecho como una sombra que no lograba disipar.
Louis tomó asiento con una sonrisa tranquila, de esas que siempre parecían envolver la mesa en algo seguro.
—Gracias por la invitación, chicos —dijo, acomodándose la servilleta sobre el regazo—. Nunca pensé que iban a querer mi co