Habían pasado apenas dos días desde aquel incidente, pero para Cyrus se sentían más largos de lo que debía admitir. La rutina había vuelto a instalarse en la oficina, con su ritmo meticuloso de reuniones, llamadas y presentaciones, pero nada parecía completamente igual.
O, más bien, ella no lo parecía.
Desde su escritorio, podía ver a Stella trabajando con la misma eficacia de siempre: concentrada, discreta, con esa precisión casi obsesiva en cada detalle. Era impecable, eficiente, puntual. T