En la planta ejecutiva de Leroux & Holdings, el silencio se mezclaba con el sonido constante de los tacones apresurados y el murmullo de teclas que daban inicio a otra jornada. Pero, en el interior de la oficina principal, el ambiente tenía algo distinto: una densidad imperceptible, como si el aire se resistiera a moverse.
Cyrus Leroux estaba sentado tras su escritorio, revisando un informe que no terminaba de leer. Sus ojos recorrían los números, pero no retenían nada. Desde que había entrad