Las sirenas cortaron el silencio del edificio como un latigazo.
Stella, todavía temblando con un poco de nervios por lo que podían resolver los policías con respecto a lo que Cyrus había hecho contra Shane, se aferraba al brazo de él mientras ambos esperaban afuera, en el vestíbulo del piso. Su respiración era corta, irregular, y aunque él la sostenía con fuerza, parecía a punto de derrumbarse.
Minutos después, las puertas del ascensor se abrieron para dejar salir a dos paramédicos y tres o