Desde su tragedia familiar, Stella no recordaba haber pasado un momento tan angustiante como el que estaba viviendo. Desde el momento en que Cyrus se fue para hablar con su padre, la espera se había vuelto insoportable.
Estaba sentada frente al escritorio de él, las manos entrelazadas sobre el regazo, mirando la puerta como si en cualquier momento fuera a abrirse.
El reloj sobre la pared marcaba los minutos con una precisión cruel.
Cada tic tac era un recordatorio de lo que podía perder: su