De una patada, Cyrus abrió la puerta de la habitación. Sus manos estaban sujetando a Stella por la cintura y la espalda, mientras su boca continuaba devorando la de ella. Las manos de Stella lo asían por la nuca y pequeños gemidos de placer se escapaban de su garganta y morían en la boca de él.
El placer y el deseo que se entrelazaban en su cuerpo y en su sistema en aquel momento, eran tan intensos que Stella no podía pensar en más nada que no fuera todo eso que Cyrus le hacía sentir. En ese