Stella se despertó a la mañana siguiente desnuda. Estaba en la cama junto a Cyrusl, con las piernas entrelazadas. Tenía la cabeza apoyada en el hombro de él y uno de sus brazos alrededor de las caderas.
Recorrió la espalda de él con la mano, suspirando al recordar todo lo que había pasado el día anterior. Los momentos que vivieron juntos cocinando, la cena de Acción de Gracias, la propuesta de matrimonio después..
Levantó la mano y al bajar la vista, notó el delicado y hermoso anillo de compromiso que le había dado.
Su corazón se hinchó y por un segundo pensó que estaba soñando, porque no creía que podía ser tan feliz como lo era.
Cyrus murmuró su nombre, mientras los ojos se le movían bajo los párpados muy de prisa. Estaba profundamente dormido. La noche anterior había sido agotadora para ambos. Se habían devorado una y otra vez, hasta el cansancio.
Liberándose de su abrazo con mucho cuidado, se levantó para ir al baño.
Al mirarse en el espejo, vio que tenía el pelo albor