El domingo por la mañana amaneció fresco, con un viento suave que movía las cortinas del apartamento de Stella mientras ella se preparaba para salir. Sentía un cosquilleo de nervios, de esos que parecen recorrer el estómago como si tuvieran vida propia.
No era miedo; era entusiasmo mezclado con la sensación de estar a punto de experimentar algo completamente nuevo. Una parte de ella todavía no podía creer que Cyrus quisiera llevarla a un evento importante, mucho menos que quisiera que fuera como su acompañante oficial.
Se miró en el espejo por última vez antes de salir. Llevaba una falda larga floral y una blusa color crema, sencilla pero delicada. Se recogió el cabello en una coleta alta, dejando caer algunos mechones sueltos que adornaban su rostro. Mientras se miraba en el reflejo del espejo, se dijo a sí misma que tenía que buscarse un vestido muy bonito, moderno y sofisticado que la hiciera ver como la acompañante perfecta para Cyrus... que la hiciera ver como la novia de él