El domingo por la mañana amaneció fresco, con un viento suave que movía las cortinas del apartamento de Stella mientras ella se preparaba para salir. Sentía un cosquilleo de nervios, de esos que parecen recorrer el estómago como si tuvieran vida propia.
No era miedo; era entusiasmo mezclado con la sensación de estar a punto de experimentar algo completamente nuevo. Una parte de ella todavía no podía creer que Cyrus quisiera llevarla a un evento importante, mucho menos que quisiera que fuera c