Isabel nos despidió con un ademán.
—Entiendo. Hablaré con tu padre. Ya pueden irse.
Con una sonrisa de oreja a oreja, Leonardo se fue con Carolina. Isabel clavó su mirada en mí.
—En unos días recibirás noticias oficiales en tu casa. Prepárate.
Mi madre y yo salimos de la propiedad. Cuando llegábamos a nuestro carro, Leonardo se nos puso enfrente.
Me encaró, con la cara roja de coraje.
—¿Qué le dijiste a mi madre? Te lo advierto, Carolina y yo ya nos dimos anillos de compromiso. ¡Ni se te ocurra