VALENTINA
La madre Agnes me estudió durante lo que pareció una eternidad.
—Agradezco su… iniciativa, hermana. Pero hay protocolos. Hay cauces. Al actuar por su cuenta, sin consultar, sin el consejo del padre Vittorio o el mío, no solo nos desautoriza. Nos hace parecer… incompetentes. Desunidos. Y en este momento, la unidad es el único escudo que nos queda.
—Lo siento, madre —dije, bajando la cabeza—. Solo quería ayudar. Pensé que el tiempo era lo más importante.
—El tiempo —repitió ella, y dio