Angelina se lavaba las manos y se quitaba la ropa de uso del quirófano, entró en el sanitario y apoyó la frente contra el espejo con frustración y agotamiento.
Se había mantenido fuerte lo mejor que pudo, pero era demasiado para ella, en menos de una semana había pasado de ser una monja a estar secuestrada por un desconocido, de estar secuestrada a convertirse en la esposa de un mafioso y luego descubrir que el mafioso era Adriano, e incluso, saber su verdadero nombre.
De odiarlo con todas sus