Cuando iba a mitad del camino, Adriano recordó los diamantes y se detuvo en seco, apretó los puños porque no quería regresar después de su dramática salida con portazo y todo, pero los necesitaba, eran parte escencial del trato con Flavio, y el tipo no se andaba con juegos, y él tampoco.
Además, era la excusa perfecta para vengar la muerte de Bruno por culpa de Vico, el matón de Flavio era su jefe y quien había insistido en que fuera parte del golpe.
De modo que respiró hondo y se dío la vuelta