Angelina necesitó un par de minutos y sentarse para digerir lo que estaba viendo en la palma de su mano. Se dejó caer en la esquina de la cama y observó cuidadosamente los cristales perfectamente cortados que expedían un brillo hermoso e inusual.
— Son diamantes… — Dijo inspirando profundamente mientras por su cabeza pasaban mil posibilidades de delitos relacionadas con el tráfico de las piedras — Bueno, Angelina, ¿Y qué carajos pensabas que ibas a encontrar? Sabes lo que él es, sabes que es u