Mundo ficciónIniciar sesiónEn un fantasioso reino donde los vampiros son suprimidos por una falsa monarquía, el Conde de ésta especie tendrá la obligación de encontrar a uno de los hijos de quien fuese el verdadero y único rey para recuperar el dominio de la comarca, arrebatado injustamente por los humanos. Mientras va develando los secretos de Debora Rousseau, la hermana del rey, de quien se sentirá atraído.
Leer másDon modesto siempre creyó que Víctor no estaba preparado para hacerse cargo del reino, menos arrastrando con él el secreto de Debora, por esa razón se había abstenido de contarle acerca del significado de la herencia de sangre que corría en las venas de su hermana. Insipiente de tal información, creía exagerada la decisión de Debora al querer huir del reino. -Sabemos cómo ocultar está verdad como hasta ahora lo hemos hecho. No tienes por qué irte. -Se afanaba por tranquilizar el rey, viendo desde la entrada a su hermana empacando. -Es más grande de lo que crees, más grande de lo que podemos controlar. -Dijo Debora paseándose toda su habitación, buscando sólo objetos de importancia. -Ellos vendrán por mí. -No permitiré que te lastimen. -Y no querrán hacerlo, te lo aseguro. Es todo lo contrario, me van a veneran. -Escapó de la boca de la mujer. Víctor se vio obligado a acercarse y detener su andanza. -¿Qué quieres decir con eso? -Preguntó confundido. -Yo soy... -Un desgarrador grit
En un parpadeo la tribu había sido invadida por los guardas de la falsa monarquía, comandados por Don modesto. El Conde rescató a cuántos humanos y vampiros bisoños pudo y les ordenó que se marchara lo más lejos posible de la despiadada guerra. Los guardas usaban flechas y balas de plata para asesinar a los vampiros, mientras que ellos usaban sus dotes para reprimir a los soldados que vestían una armadura ordinaria, y fragmentaban las extremidades de aquellos cuya armadura era de plata. Desde la lejanía, Howard veía con desdén su tribu arder en llamas y a algunos vampiros que caían inertes en el suelo. No importaba cuántos siglos pasaran o cuántas guerras presenciara nunca era fácil ver cómo todo lo que él había construido, todo en lo que él creía se desmoronaba pedazo a pedazo. Su mirada tropezó con el hombre longevo que cobardemente guiaba a su tropa. No tardó en descender a su encuentro, dispuesto a asesinarlo. Caminó sigiloso camuflándose entre los arbustos y las sombr
El sol se ocultó cediéndole el paso a una noche fría y pletórica de oscuridad, ni una solitaria estrella brillaba en el cielo, existían razones para que fuera así. Ningún astro quería ser testigo de la guerra que se avecinaba entre especies. En el coliseo no había espectadores sólo el monarca, el verdugo y sus víctimas atadas a pilares como ya era habitual. -¿Dónde se esconde tu raza? –Exigía saber por enésima vez Víctor sin recibir respuesta. Ysnoa mantenía su cabeza agachada, levantándola en algunas ocasiones sólo para ver el revólver que sostenía el verdugo entre sus manso, tantas veces había visto la mortandad, pero nunca antes había visto que usaran un arma ordinaria. Desvió sus ojos carmesí a Kisha quien yacía a un lado, manteniéndole la mirada firme y desafiante al monarca que empezaba a impacientarse, si Kisha sentía temor lo disimulaba bastante bien. –Traté de ser indulgentes con ustedes, pero… -Dijo el monarca haciendo ademanes a dos guardias que se escabullían
Estela caminaba entre lápidas, arropada bajo una esencia lúgubre que no daba tregua a su alma desde la tragedia de su familia, sólo deseaba poder haber sepultado a su hija así como lo hizo con su padre. Se detuvo frente a su tumba con un rostro inexpresivo sintiendo el torbellino de emociones que movía su corazón, a veces la invadía la nostalgia al reconocer el inminente deceso de su padre, el hombre que le dio la vida y que siempre estuvo con ella aún después del abandono de su madre; y al mismo tiempo se manifestaba el odio al recordar que fue aquel señor quien asesinó a su única hija, la razón de su vida. Era una pesadilla que cercenaba hasta el último pedazo de su corazón; y de la que no sabía cómo despertar. -Lamento lo que sucedió con su padre, Estela. –Escuchó la mujer fijándose en el hombre de cabello canoso y frondosa barba que estaba a escasos centímetros de ella. -Conoció a mi padre. ¿Cómo?–Pronunció Estela sin inmutarse de su fría expresión. -Coincidimos en algunas reun
Último capítulo