En un parpadeo la tribu había sido invadida por los guardas de la falsa monarquía, comandados por Don modesto. El Conde rescató a cuántos humanos y vampiros bisoños pudo y les ordenó que se marchara lo más lejos posible de la despiadada guerra. Los guardas usaban flechas y balas de plata para asesinar a los vampiros, mientras que ellos usaban sus dotes para reprimir a los soldados que vestían una armadura ordinaria, y fragmentaban las extremidades de aquellos cuya armadura era de plata.