El sol se ocultó cediéndole el paso a una noche fría y pletórica de oscuridad, ni una solitaria estrella brillaba en el cielo, existían razones para que fuera así. Ningún astro quería ser testigo de la guerra que se avecinaba entre especies.
En el coliseo no había espectadores sólo el monarca, el verdugo y sus víctimas atadas a pilares como ya era habitual.
-¿Dónde se esconde tu raza? –Exigía saber por enésima vez Víctor sin recibir respuesta. Ysnoa mantenía su cabeza agachada, lev