Villa Isabella, Montes Sabinos
Una semana después
El otoño había llegado con fuerza, tiñendo las montañas de rojo y oro.
Elena estaba en el jardín, podando las rosas que habían sobrevivido a los primeros fríos. La vuelta a la normalidad era extraña, como un traje que no terminaba de ajustarse. Habían ganado. Di Stefano estaba en prisión. Vittorio también. Los cómplices, uno a uno, caían.
Pero la paz pesaba.
Dante salió con dos tazas de café.
Estás pensando.
Siempre.
¿En qué?
En que no sé qué ha