Capítulo XLIX

El olor de los frondosos árboles y arbustos arrebata el aroma de ciudad que prevalecía bajo mis fosas nasales. Dejo la calidez del automóvil para recibir la brisa helada del bosque con los ojos cerrados y una pequeña sonrisa. Al mismo tiempo, Vukmir ayuda a Zelig en descargar el poco equipaje. Quiero deshacerme de este vestido en cuanto antes.

—Bienvenidos a casa.

Aún sonriente lo veo; las canas en su enmarañado cabello son m&aacut

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