Capítulo XLVIII

Zelig aguarda por mí al lado de Arsen. Al frente de él, el malnacido ríe con una copa rojiza agarrada con fuerza a la altura de su pecho. Lo escudriño. Sé que a mis espaldas viene la rubia cabizbaja y nerviosa con el entendimiento en sus rasgos. Al sentirnos, los tres se giran en nuestra dirección. Bajo el mentón, entrelazo los dedos y me quedo quieta, como si nada hubiese pasado. La muchacha hace lo mismo. No me dirige la atención, pero

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