Capítulo 5. Yo. No. Me. Someto.

Elizabeth Wardwell

—La gratificación es un privilegio que se otorga cuando eres una buena chica, Elizabeth. Registra esto para la próxima ocasión en que quieras desafiar mi control.

Lo único que escuche de esa frase fue: Las chicas traviesas, no merecen orgasmos.

Luego se chupó los dedos con los que empaló mi coño, de manera lenta y sensual haciéndome jadear, para retirarse raudamente de la habitación.

¿Qué m****a? ¿Es en serio? ¿Me dejará así de prendida?

Lo único que tenía en claro, era que el maldito alfa sabía perfectamente que mi cuerpo le pertenecía. Por mucho que intenté resistirme, mi cuerpo tenía mente propia.

Me traicionó.

¿Y ahora qué haré con la humedad entre las piernas y el fuego que necesita ser extinguido?”

Me moví en la cama y siseé ante la advertencia plena de lo que el alfa había dejado en mis nalgas. Me levanté lentamente y fui hacia el baño.

Allí había un gran espejo de cuerpo completo con una bañera espaciosa. El lugar era extremadamente lujoso, digno de una reina.

Me bajé los pantalones, me giré y abrí mucho los ojos al darme cuenta de que el puto alfa ¡me dejó sus manos marcadas!

Intenté tocar despacio el espacio enrojecido, pero solo fue acompañado de ardor. Resoplé, resignada y decidí llenar la tina.

Si el maldito me dejó así de prendida, entonces tendré que hacer algo para remediarlo.

Mientras dejé que se llenara la bañera, cerré la puerta de la habitación con llave y también la del baño. No me interesaba tenerlo de sorpresa nuevamente aquí.

Una vez que se llenó, comprobé que la temperatura fuera la adecuada. La llené de sales aromáticas y me introduje en ella.

Dejé que el calor relajara mis adoloridos músculos y a pesar de que creí que mis nalgas dolerían, la verdad es que solo fue al principio. Ahora se sentían adormecidas.

Suspiré relajándome en la tina, sintiéndome… sola.

¿Quieres una ayudadita mental? Porque no sé tú, pero a mi ese alfa me dejó a mil. —Ya en serio, Beth… ¡deja de hablar sola!

Fruncí el ceño y me dije: ¿una ayudadita? ¿Cómo cuál?

Cerré mis ojos concentrándome en las imágenes que inundaron mi mente, de mi hermoso bombón… No era un rey, pero para mí, siempre había sido lo máximo. Michael… Lo amaba y lo extrañaba tanto…

Michael era un hombre protector. Nos conocimos desde niños, cuando me llevaron a vivir junto a mi hermano al aquelarre.

Él era uno de los pocos lobos nacidos y criados como brujo.

Siempre era el primero en aprender los hechizos y ejecutarlos a la perfección, después inevitablemente encontraba la forma de hacernos reír a todos en los momentos en que “debíamos guardar silencio”.

Se convirtió en alguien muy importante para el aquelarre… Y sin darme cuenta, se convirtió en mi persona.

Aún recuerdo la primera vez que lo conocí… Tenía 8 años. Sali del auto, mirando a mi alrededor. Y ahí estaba él… un niño con cabellos de fuego, pecas y una sonrisa torcida.

Sus ojos brillaron intensos cuando se fijó en mí. Y a partir de ese momento, fuimos inseparables.

Al cumplir los veinte, Martha nos dijo que ya era hora de planear nuestra ceremonia de vinculación. Algo muy parecido a lo que los humanos llaman matrimonio.

Esto se sentía como el paso natural a tomar, dado a que hemos sido novios desde niños.

Y a pesar de todo este tiempo, solo habíamos llegado a segunda base. Michael me respetaba demasiado como para llevarlo a tercera base. Lo entendía, pero me cabreaba siempre.

¡Yo quería más!

Claro, esto fue antes del sueño… Aquel sueño en el que mi vida cambiaría por completo.

Un recuerdo en particular, vivido apareció en mi mente. Vi a ese lobo con piel canela, aroma a madera y como me miraba con esos ojos verdes bosque, mientras colocaba un mechón de mi cabello negro detrás de mi oreja.

La preocupación y la ternura en ese gesto, el primero de muchos, había hecho que mi corazón se derritiera.

Fue en ese minuto en el que supe lo importante que él era para mí.

Suspiré recordando como me hizo sentir en ese momento e instintivamente bajé mi mano hacia mis pechos, acariciándolos.

¿Estará pensando en mí? ¿recordará este momento tan intensamente como yo? ¡Como lo necesitaba!

Me mordí el labio recordando las mariposas que sentí cuando su mano acarició mi mejilla y se acercó a mi cara. Recuerdo su aliento caliente sobre mis labios… hasta que acorté el incomodo espacio que nos separaba, besándolo.

Al sentirlo sobre mí, por primera vez en ese momento, muchas cosas sucedieron a la vez.

Fue la primera vez que las mariposas dejaron de revolotear en mi estómago y una descarga deliciosa, me recorrió el cuerpo hasta instalarse mucho más al sur.

Fue la primera vez que mi cuerpo necesitaba de su toque.

Fue la primera vez que mi mente quería apagarse por completo y solo sentirlo a él.

Seguí bajando hacia mi vientre hasta que llegué a mi centro. Masajee ejerciendo una presión suave de forma circular.

Esto hizo que un gemido se me escapara, mientras recordaba como la lengua de Michael jugaba con la mía, calentándome aún más.

Introduje un dedo dentro de mi palpitante coño mientras arqueé la espalda.

Mis gemidos se volvieron más audibles y salvajes a medida que aumenté el ritmo de la entrada y salida de mi dedo. No contenta con la fricción, introduje un segundo.

Sentí como mis paredes se expandieron, aumentando el calor en mi interior.

Recordé cuando estaba encima de Michael sentada a horcajadas, sin dejar de besarnos, disfrutando de la fricción que se formaba entre sus piernas y las mías a través de nuestros pantalones.

¡Qué mal que todo fue con la ropa puesta!

Otro gemido se escapó de mis labios mientras apuré el ritmo de mis propias embestidas que pedían más. Con la otra mano presioné fuerte mi manojo de nervios sin dejar de profanar mi intimidad.

Mordí mis labios ya que sentía como mi liberación se estaba formando en mi interior.

El agua se movía a mi alrededor, avisando la acción que estaba sucediendo dentro de esa bañera.

Jadeé fuerte al recordar las chispas que el rey provocó con su tacto; esa descarga eléctrica que fue a parar directo entre mis muslos y es en ese preciso instante que mi orgasmo me golpeó en olas insaciables y yo sin evitarlo grité:

“¡Michael!”

Un rugido aterrador se escuchó desde la puerta haciendo que abriera los ojos de golpe y me sentara en la bañera mirando en esa dirección.

El rey se encontraba en la puerta, con el cabello alborotado, los ojos negros, jadeando pesadamente y en ropa interior. Los marcados músculos de su pecho se tensaban haciendo su postura aún más imponente.

Gruñó —¿Qué fue lo que dijiste, mujer? ¡¿Acabas de tener un orgasmo pensando en otro maldito lobo?! —el rey había perdido el control… ¿o era su bestia la que estaba hablando?

Me quedé congelada en la bañera, como si fuera una pequeña niña cuyos padres la encontraron robándose las ultimas galletas.

Sin saber que decir, sentí como si una fuerza invisible me sacara de mi estado consciente. Era yo, pero no lo era realmente.

Sentí como si un ente hubiera tomado el control, negándose a devolverlo…

Pánico.

Real y crudo pánico.

Me tuvieron de rehén dentro de mi propio cuerpo, en la cual no podía decir ni hacer nada. Solo mirar.

Observé como me levanté lentamente, desafiante. Vi a través del espejo, como mis ojos dorados brillaban intensamente, mientras dije:

—Sí, alfa. Me dejaste ardiendo. Y de ninguna manera me iba a quedar así. ¿Acaso creíste que nací para obedecer tus ordenes? ¡NO! ¡Ni de puta broma! Yo.No.Me.Someto.

Me quedé de una pieza. ¿Yo dije eso? ¡Mierda!

Un rugido espeluznante salió de mi boca.

Luego vi como salí de la bañera, sin un ápice de vergüenza…

¡Yo! Que nunca le he mostrado mi cuerpo a un hombre…  

—¿Acaso crees que porque no me dejas practicar magia no soy poderosa? ¡Mira bien, alfa! Puede que quieras doblegarme, pero JAMÁS quebrarás mi espíritu. ¿Quieres mi cuerpo? Pues aquí está. ¡Pero nunca tendrás mi alma!

¿Es en serio? ¡No! ¡No le des mi cuerpo! ¡Es mío!

El rey se quedó de pie inmóvil. Observé como temblaba en su lugar y sabía que quería abalanzarse sobre mí.

Pero también sabía que lo que dije lo hirió profundamente. Jamás podrá tener mi alma… Pude sentir como el aire a mi alrededor bajó varios grados…

Es un gran hijo de puta espeluznante cuando está cabreado.

—La paciencia es una virtud que sé administrar a mi favor, Señorita Wardwell. Tarde o temprano te someterás. ¡Considera esta declaración como mi juramento!

—Como quieras, alfa. Pero mientras tanto, retirarte de aquí. No eres bienvenido, ni te necesito. Ya logré satisfacerme sola.

—¿Pensando en otro macho? ¿Qué pretendías mujer? ¿Qué pensaste que sucedería cuando abriste el vínculo mental con Fenrir?

¿Qué hice qué? ¿Qué vinculo? ¿Fenrir? Ay, m****a… Ahora temo lo que pueda hacerle a Michael. ¡Devuélveme el control, ente! ¡Lo estás arruinando todo!

Por un momento creí que se retiraría, pero no lo hizo. Caminó lento hacia mí y yo no me moví ni un centímetro. Cuando estuvo cerca agachó la cara y olfateó mi cuello, en donde su marca estaba.

Inhaló profundó mi olor mezclado con el suyo, el cual se presentaba como una clara declaración de que yo le pertenecía.  

Segui sin moverme ni mostrar ninguna expresión. No porque quisiera. El maldito ente me tenía prisionera dentro de mi propia mente.

El alfa besó mi quijada hasta llegar a mis labios, y yo solo miré al horizonte.

Frustrado, el rey me miro y dijo: — Tu fortaleza es innegable, Señorita Wardwell. Posees el poder necesario para engendrar a mis herederos —Se lamió los labios, mientras tocaba los míos.

Bajó una mano por mis pechos hasta mi centro y solo ahí cerré los ojos y el ente que había poseído mi cuerpo, me devolvió el control.

Jadeando, la adrenalina bombeando a mil, me alejé de su tacto a tropezones, mientras le dije: —no me vuelvas a tocar, alfa. Sabía que eras despiadado, pero jamás creí que también eras un violador. Bueno, creo que he aprendido algo nuevo hoy.

Abrió mucho los ojos y me observó en silencio.

Luego dijo: —toda mujer que ha pasado por mi cama, lo ha hecho voluntariamente, Señorita Wardwell. Jamás poseo a nadie que no quisiera ser poseída por mí. Aprenderás a valorar nuestra unión. Forjaré en ti el respeto absoluto hacia mí. Pero por lo pronto…

Se acercó, me levantó la barbilla con fuerza y dijo: —Esta suite se convertirá en el epicentro de tu castigo… Luna.

—El vínculo que nos une te forzará a percibir la actividad de mis aposentos junto a mis consortes. Intenté mitigar mi propia naturaleza para darte una transición digna, pero elegiste quebrar mi paciencia añorando a un enemigo.

—La devastación que experimentarás los próximos días responderá estrictamente al vacío que has dejado en el vínculo. Esto no es una amenaza; es la respuesta de un soberano traicionado.

Y justo así, se marchó a toda velocidad de mi habitación, dando un portazo dejándome extremadamente molesta con ganas de cortarle las bolas y ¡dárselas de comer a los cerdos!

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP