Azzura
El gruñido posesivo de Baldassare me saca de mis delirios por él.
—Primo, es mi Gacela —dice mi obsesivo, y mi mamma pone los ojos en blanco—. Y con mucho gusto cometo ese peccato hasta que me muera —acepta que sea su cruz y consigue que me derrita sin tocarme, solo con su declaración.
Es visceral, porque desde que lo conocí supe que él era mi peccato y mi rovina.
Carmina sonríe de oreja a oreja, y con ese gesto compruebo que este hombre ha logrado entrar en nuestras vidas. Se ha ganado a