La besó con hambre contenida, profundo y lento. Sus manos grandes bajaron por su cuerpo, deshaciendo los botones de la blusa de pijama con una paciencia que contrastaba con la urgencia de su mirada, Anika tembló cuando el aire frío rozó su piel.
Mikhail se tomó su tiempo, besando cada centímetro que descubría: el valle entre sus pechos, el vientre, la curva de sus caderas. Le quitó el pantalón y la ropa interior con reverencia, hasta dejarla completamente desnuda frente a él.
—Eres preciosa